Muchas familias de Pozuelo de Alarcón, Majadahonda y Boadilla del Monte tienen una segunda residencia: una casa en la Sierra de Guadarrama, un chalet en la costa o una finca en Castilla. Mantenerla en condiciones requiere un planteamiento diferente al de la vivienda habitual. Aquí van las opciones reales, con precios y consejos para organizarlo bien.

El reto específico de la segunda residencia

La vivienda principal tiene una rutina diaria que facilita el trabajo doméstico. La segunda residencia, en cambio, presenta tres problemas concretos:

  • Uso irregular: se ocupa en fines de semana, puentes y vacaciones largas, pero permanece cerrada el resto del tiempo.
  • Apertura brusca: la casa pasa de estar semanas vacía a recibir a toda la familia en cuestión de horas.
  • Ubicación remota: muchas están en municipios pequeños de la sierra o a horas de Madrid, lo que complica encontrar servicio de confianza.

Esto significa que el modelo de empleada que funciona perfectamente en el piso de Pozuelo no es directamente trasladable a la casa de La Pedriza o al apartamento de Torrelodones.

Las cuatro modalidades que funcionan en la práctica

1. La empleada habitual que viaja con la familia

Es la solución más frecuente entre familias con empleada interna o externa de muchas horas en su vivienda principal. La trabajadora acompaña a la familia durante las estancias largas (verano, Semana Santa) y se hace cargo de la segunda residencia igual que de la primera.

Para que funcione, es imprescindible acordarlo desde el principio y dejarlo por escrito en el contrato o en un anexo. Los puntos a regular:

  • Dietas y gastos de desplazamiento cuando el traslado lo hace por cuenta propia.
  • Alojamiento en la segunda residencia: la habitación debe reunir las condiciones mínimas legales (espacio, ventilación, privacidad).
  • Horario durante la estancia: si la jornada varía respecto a la habitual, debe quedar pactado.
  • Periodos de descanso: la trabajadora no pierde el derecho a sus días libres por estar fuera de Madrid.

2. Empleada local contratada en la zona de la segunda residencia

Si la segunda residencia está en un municipio como Navacerrada, Cercedilla, El Escorial o Torrelodones, puede tener sentido contratar a alguien de la propia zona para las tareas de mantenimiento. Esta persona se encarga de ventilar, limpiar y airear la casa antes de las llegadas, y de dejarla recogida tras las salidas.

La ventaja es que no hay costes de desplazamiento y la persona conoce bien la zona. El inconveniente es que implica gestionar dos relaciones laborales distintas, dos altas en la Seguridad Social, y coordinar con alguien a quien no ves con frecuencia.

3. Servicio de limpieza puntual (limpieza de apertura y cierre)

Para familias que usan la segunda residencia de forma esporádica (dos o tres veces al mes como máximo), la opción más práctica suele ser contratar limpiezas puntuales: una limpieza de apertura antes de llegar y una de cierre al marcharse.

Este modelo no requiere contrato laboral indefinido, sino que puede funcionar como servicio puntual gestionado a través de una empresa de limpieza o de una trabajadora autónoma. Eso sí: si la frecuencia supera las 4 horas semanales de forma regular, la ley considera que existe una relación laboral ordinaria y obliga a dar de alta a la trabajadora en la Seguridad Social.

Regla práctica: si llamas a la misma persona más de dos veces al mes de forma continuada, lo más seguro jurídicamente es formalizarlo con contrato y alta en la Seguridad Social, aunque las horas totales sean pocas.

4. Empleada interna de temporada

Para familias que pasan todo el verano en la segunda residencia, contratar una interna de temporada es la solución más completa. La trabajadora vive en la casa durante los meses de verano (julio y agosto, por ejemplo) y cubre todas las necesidades domésticas.

Este modelo es muy habitual en urbanizaciones serranas como La Navata, Galapagar o Collado Villalba. Requiere un contrato de duración determinada con fecha de inicio y fin clara, y las mismas obligaciones laborales que cualquier interna: alta en la SS, jornada máxima, días libres y habitación en condiciones.

Costes orientativos según modalidad

ModalidadCoste estimadoContrato necesario
Empleada habitual viaja con la familia (dietas aparte)Sin coste adicional si ya está contratada + dietas (~15–25 €/día)Anexo al contrato existente
Empleada local (mantenimiento quincenal, 3–4 h)35–55 € por visita / 70–110 €/mesSí, si es recurrente
Limpieza de apertura (casa de 150–200 m²)80–140 € por limpiezaNo si es puntual
Limpieza de cierre (recogida y lavado de ropa)60–100 € por limpiezaNo si es puntual
Interna de temporada (2 meses de verano)1.400–1.900 €/mes brutos + SSContrato temporal obligatorio

Precios orientativos para el área oeste de Madrid y zonas serranas próximas (verano de 2026). El coste real depende del tamaño de la vivienda y las tareas incluidas.

Qué tareas cubrir en la segunda residencia

Las tareas habituales en una segunda residencia difieren de las de la vivienda principal. Más allá de la limpieza ordinaria, suelen incluirse:

  • Ventilación y control de humedad: especialmente importante en casas de sierra que permanecen cerradas meses seguidos.
  • Control de plagas: en zonas rurales o serranas, es habitual que entren insectos o roedores cuando la casa está vacía.
  • Apertura y cierre de instalaciones: depósito de agua, caldera, persianas, alarma.
  • Revisión de nevera y despensa: retirar productos caducados, hacer una compra básica antes de la llegada de la familia.
  • Lavado y cambio de ropa de cama y baño antes de cada llegada.
  • Mantenimiento exterior básico (barrer terraza, regar plantas en ausencia de la familia) si la empleada lo acepta y queda pactado.

El contrato para la segunda residencia: qué no puede faltar

Tanto si contratas a alguien de forma específica para la segunda residencia como si añades esta responsabilidad a la empleada actual, el contrato o su anexo debe incluir:

  1. Dirección de trabajo: la dirección de la segunda residencia, no solo la vivienda habitual. Si la empleada trabaja en ambas, deben figurar las dos.
  2. Horas o días asignados a cada vivienda: evita malentendidos sobre qué tiempo corresponde a qué lugar.
  3. Gastos de desplazamiento: quién los cubre, si es la familia o si están incluidos en el salario.
  4. Dietas por desplazamiento: si la trabajadora pernocta en la segunda residencia, las dietas de manutención deben estar pactadas o incluidas en el salario.
  5. Periodos de inactividad: si hay meses en que la segunda residencia no se usa y la empleada no trabaja allí, el contrato debe reflejar cómo se gestiona ese tiempo.

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Consejos prácticos para familias del área oeste

Con los años, las familias de Pozuelo y Majadahonda que tienen segunda residencia en la sierra han ido aprendiendo qué funciona y qué no. Estos son los consejos más repetidos:

  • Busca a alguien con carné de conducir si la segunda residencia está en una zona sin transporte público. En muchos pueblos de la Sierra de Guadarrama, el coche es imprescindible.
  • Prepara un protocolo de apertura y cierre escrito. Una lista con todos los pasos (encender caldera, descongelar nevera, abrir persianas, revisar ventanas) evita olvidos cuando la persona es nueva o viene esporádicamente.
  • Instala una caja de seguridad con código para dejar las llaves sin necesidad de que alguien esté presente. Así la empleada puede acceder aunque la familia llegue después.
  • Comunica las llegadas con al menos 48 horas de antelación. Necesita tiempo para preparar la casa, especialmente si viene de otra vivienda o tiene otras familias a las que atender.
  • Paga el desplazamiento siempre. Pedirle que venga a un pueblo de la sierra a su cargo genera mal ambiente y suele acabar mal. El coste real de kilometraje (0,26 €/km según Hacienda) no es alto comparado con el valor del servicio.

Conclusión

La segunda residencia necesita un modelo de servicio doméstico a medida: no existe una solución única válida para todas las familias. Lo más importante es ser claro desde el inicio sobre frecuencia de uso, tareas esperadas y condiciones del desplazamiento. Con eso bien definido, y la relación laboral correctamente formalizada, mantener la segunda vivienda en perfecto estado es perfectamente gestionable sin que suponga un quebradero de cabeza.